OLDOG
(O la música de la experiencia callejera)
E.G.C
Hablar sobre música o músicos es siempre complicado. Sobre todo cuando éstos no sólo están presentes, sino especialmente cuando son amigos del hablador, o sea yo.
Escuchar a Oldog es irse hasta atrás, en el tiempo digo, y sentirse de nuevo nocturneando en callejones en donde la vida aúlla, o en bares en los que todo parece moverse sin control: el piso, los tragos, nosotros mismos. Correteadas salvajes, por salvajes para huir o alcanzar … lo salvaje, pues…
Si hay algo mejor que escuchar música, es la música en vivo, bien hecha, es decir, desde lo prendido, aunque sea lo obscuro, del corazón. Es entonces cuando el mundo real, el de allá afuera se queda quieto y nos deja en paz por un buen rato.
Como todo animal de experiencia, Oldog sabe que las etiquetas no siempre ayudan, y por eso su música, sean versiones de otros, pero especialmente las rolas propias, habla de los gustos individuales reunidos en un solo plato donde hay de todo: jazz con funk o blues con un toque de alt country o aquello que algunos definen como new folk.
Como sea, Oldog es una banda que hace de la música un jam intenso, a veces, seré franco, un poco breve para mi gusto, en el que los tocadores nos tientan con el siempre apetitoso hueso del groove, del swing de lo conocido, pero renovado. Es entonces, cuando nos vamos para adelante, a seguirlos.
Sin más, con nosotros ahora, Sergio Acuña, Rubén Montaño y Eduardo Ortíz Pio, los dueños de Oldog.
Mexicali, B.C. 9 de febrero de 2011
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